HISTORIA DE LOS PODENCOS EN LA CUENCA DEL MEDITERRANEO
Si bien el origen de los podencos se pierde en la noche de los tiempos, no habiendo sido esclarecido todavía, tampoco cabe duda que su historia está íntimamente ligada a la Cuenca del Mediterráneo formando parte indisoluble en la venatoria, especialmente del binomio podenco-conejo. Y esta tesitura, queda resuelta magistralmente en el caso del Podenco Andaluz por D. Manuel C. Jarén Nebot, gran estudioso y conocedor de las razas autóctonas andaluzas, quien en su monografía: "Podenco Andaluz... El rey humilde" nos ofrece un profundo estudio de la historia de la raza. De ahí que retomemos sus palabras a continuación (Tomado de la revista Todo Perros nº 21, 1.996).
Un poco de historia...
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Pocas veces a lo largo de la historia los habitantes de la Península Ibérica hemos tenido tiempo para pensar en nuestras raíces. Han sido tantos los pueblos, culturas y civilizaciones que han venido a asentarse en nuestras tierras y latitudes, que nuestros abuelos entre batallas y colonizaciones no prestaron atención a sus ancestros. Poco a poco, y con el pasar de los siglos, las primitivas culturas celtas, íberas y tartessas fueron fundiéndose con una ingente mezcla de razas que al cabo del tiempo y a veces con pena, otras con gloria, forjó nuestra querida España. Debido al gran vigor híbrido cultural del cual procedemos podemos presumir de variedad y a la vez de unidad. Pero, ¿qué nos queda de la primitiva Iberia? ¿Queda algo de nuestro territorio, que no sea importado por otra civilización? ¿qué nos une con nuestros antepasados y qué une a los pueblos? ¿qué hace de un pueblo no pierda su identidad? Está claro: las tradiciones. Un pueblo sin tradiciones no es nada.
En España, las tradiciones son innumerables. Muchas arrancan en épocas recientes y otras se pierden en la noche de los tiempos. Existen en nuestro país dos tradiciones culturales sin las cuales nuestra historia no sería igual. Por un lado, la tauromaquia; por otro, la caza. Los primeros libros en castellano están dedicados a la caza y la repercusión que el ejercicio venatorio ha tenido en nuestra historia ha sido capital. No existe zona alguna de nuestro país que no posea connotaciones propias en materia cinegética y esto es algo que bucea en la mismísima esencia del hombre como especie. Ya en el Paleolítico, nuestra península estaba habitada por seres humanos. Cuevas como las de Altamira, El Castillo y La Pasiega, en el Paleolítico Superior, y La Vieja en Alpera, Minateda en Albacete y Cogull en Lérida, en el Mesolítico, reflejan al final de las glaciaciones, (en el periodo Würm IV, 9000 años a.C.) escenas de arte rupestre en las que la caza es algo primordial y fundamental, como no podía ser de otra manera.
No están claros los orígenes filogenéticos del perro, unos autores apuntan una descendencia lupoide, otros teorizan sobre la evolución a partir de chacales, y muchos opinan que es mejor no aventurarse en afirmaciones difíciles de demostrar. Delgado Bermejo y cols, en su obra "Clasificación funcional de las razas caninas. Mejora Genética Canina", consideran al perro tipo podenco dentro del grupo de los Graioides, del cual derivan por un lado los galgos, y por otro lado los podencos. En lo que casi todos coinciden es que en el Paleolítico se inicia la cooperación interespecífica hombre-perro. Evidentemente, los cánidos primitivos que se unieron al hombre debieron ser autosuficientes y capaces de buscarse el sustento por sí solos.
Pues he aquí en los mismísimos albores de la cooperación entre el hombre y el perro, las representaciones de arte rupestre de nuestra península nos reflejan unos cánidos muy similares a los plasmados en las cuevas norteafricanas como las de Tassali-n-Ajier en el Sahara occidental. Algunos autores y arqueólogos interpretan a estos cánidos como lobos. Sin embargo, rasgos como el tamaño de las orejas, conformación de las cajas torácicas, formas de las colas y estructuras generales de estos animales, nos hacen pensar que no son lobos. Son animales que desde siempre han estado ahí mucho más cercano a nosotros, estos animales son..., son..., ¡podencos!
El perro podenco primitivo derivó, con el pasar del tiempo, en diversas razas. Algunas, como el Cirneco del Etna, el Basenji o el Canaan dog se consolidaron fuera de nuestras fronteras, pero se hallan irremediablemente vinculados filogenéticamente a los perros del Mediterráneo occidental.
Sin embargo, la verdadera cuna y santuario del podenco seguía estando en el mismo sitio: la Península Ibérica. Cuatro zonas diferenciadas produjeron familias (a la postre núcleos raciales) de perros podencos diferenciadas. Tres de estos núcleos son archipiélagos, Canarias, Baleares y Azores. Podenco Canario, Ibicenco y Azoriano son los endemismos de estas tierras. La existencia de razas diferenciadas en los archipiélagos próximos a la Península tiene una fácil explicación. Originariamente, estas islas no se encontraban habitadas y el perro como especie no existía en ellas. Tras ser introducidos por el hombre, los podencos por procesos o de aislamiento, deriva genética, selección y consanguinidades empezaron a manifestar diferencias tanto morfológicas como funcionales que al cabo de tiempo consolidaron el material genético existente en razas con características propias. En la Península, con el pasar del tiempo, los podencos quedarían constituidos en dos grandes núcleos, por un lado, los podencos portugueses, por otro, el protagonista de este trabajo, el Podenco Andaluz.
Es extraordinario el gran parecido que los podencos andaluces actuales tienen con los perros representados en las pinturas rupestres.
¿Por qué ha evolucionado tan poco en diez mil años? Intentaremos darle respuesta.
Como hemos visto, el área de origen del podenco se enclava en zonas de clima típicamente mediterráneo. El clima mediterráneo se caracteriza por pluviometrías escasas, veranos muy calurosos e inviernos templados a fríos. No es raro que en zonas de interior andaluzas, se pase de cuarenta y cinco grados en verano a varios grados bajo cero en invierno. La vegetación que existe en estas zonas está adaptada a este entorno hostil al cual hay que añadir una falta total de precipitaciones en los meses de estío. Las plantas han desarrollado estructuras de defensa como espinescencias, hojas coriáceas y tallos duros y fuertes. Es en este terreno donde los podencos andaluces se desenvuelven. Cualquiera que haya visitado las tremendas espesuras de jaras, brezos, coscojas y aulagas que existen en Sierra Morena, sabrá hasta que punto han de ser duros los animales que allí se atrevan a cazar. Porque el podenco andaluz no tiene otra razón de ser que la caza. Todo en el podenco es para la caza, su anatomía, su carácter, su psicología y su movimiento no tiene razón de ser si no es para cazar; y para cazar en nuestras latitudes. Es por esto por lo cual no ha evolucionado; porque no lo necesita; porque aquí es insuperable; es el Rey.





